Entendemos por violencia aquellas acciones que excluyen o dañan a una persona o grupo atentando contra su integridad. Estas acciones pueden tener como resultado un daño físico o psicológico, inclusive las amenazas de tales actos también deben considerarse como actos violentos.De manera especial, la violencia que afecta a las personas menores de edad repercute en el establecimiento de las relaciones interpersonales con las personas adultas con las cuales interactúan y con sus coetáneos, agudizan los estados socioemocionales adversos en las personas y en particular en las niñas, niños y adolescentes, lo que puede provocar el aumento de situaciones de violencia en la escuela, la familia y en la comunidad. Su atención oportuna puede revertir las consecuencias negativas en el desarrollo de la personalidad y también elevar la calidad de la educación. Los profesionales de la educación deben prepararse para enfrentar dicha problemática y poder contribuir a la formación de una ciudadanía bajo una cultura de respeto, igualdad, equidad, de paz y no violencia.